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26 de junio de 2013 • 13:21

Croacia entra en la UE, pero la crisis le aguó los festejos

 

Croacia se convertirá el lunes 1º de julio en el 28º miembro de la Unión Europea (UE) tras diez años de arduas negociaciones, pero la realización de ese anhelo se ve empañada por las incertidumbres económicas que pesan sobre esta ex república yugoslava independiente desde 1991.

Un centenar de dirigentes europeos, entre ellos la jefa del gobierno alemán, Angela Merkel, asistirán a la ceremonia de adhesión y miles de croatas participarán en los festejos en la plaza central de Zagreb.

Simbólicamente, se sacarán los carteles de "Aduana" de la frontera con Eslovenia, la única de las repúblicas de la antigua Yugoslavia que hasta ahora había adherido a la UE (en 2004) tras las guerras balcánicas de los años 90.

Al mismo tiempo, la inscripción "UE" se colgará en la frontera con Serbia, otro país desmembrado de la exYugoslavia, que espera abrir pronto negociaciones para sumarse al bloque.

Los fuegos artificiales que iluminarán la noche de Zagreb y otras ciudades croatas no lograrán disimular sin embargo que el sueño ha perdido su atractivo para buena parte de los 4,2 millones de los habitantes del país.

El presidente de izquierda Ivo Josipovic, un proeuropeo ferviente, admitió que la crisis económica ensombreció el ánimo de sus compatriotas.

"Sí, la crisis existe, pero creo que unidos somos más fuertes (...) y, al fin y al cabo, los europeos saldrán juntos de la crisis", dijo en Josipovic en una entrevista con la AFP.

Según una encuesta reciente, solo uno de cada siete croatas quiere que el acontecimiento se celebre con conciertos y fuegos artificiales.

Hace diez años, la mayoría de los croatas veía la adhesión como una forma de dar vuelta la página de las guerras de los años 90, pero las largas negociaciones y las exigencias de Bruselas para allanar el camino convirtieron a muchos en euroescépticos.

Croacia tuvo que presentar un plan de reestructuración de sus astilleros navales, que subsistían gracias a subsidios gubernamentales. Una medida que significará la supresión de numerosos empleos en este sector que da trabajo a más de 10.000 personas.

"¿Qué vamos a festejar? Vamos a convertirnos en esclavos, pues somos demasiado pequeños como para tener alguna influencia entre los grandes" de la UE, afirma Zorak Horvat, un funcionario gubernamental, de unos 50 años.

Los datos macroeconómicos de Croacia preocupan: el país está en recesión desde 2009 y la desocupación afecta al 21% de la población activa. Su PIB es un 39% inferior al del promedio del bloque y solo supera al de Rumania y Bulgaria, según datos oficiales europeos.

Para colmo, la propia UE está confrontada a la crisis de la deuda de la Eurozona y nueve de sus 27 países están en recesión. Y los draconianos ajustes impuestos por Bruselas para acudir al rescate de sus socios más endeudados tampoco alientan a las grandes celebraciones.

"Estamos muy mal de salud y nos unimos a la UE, que tampoco está nada bien", advirtió el analista Zarko Puhovski.

Zagreb espera que la adhesión atraiga inversiones y cuenta con una ayuda europea estimada en 11.700 millones de euros entre 2013 y 2020 para reactivar su economía.

Las autoridades declararon además la guerra a la corrupción, pero muchos creen que será larga pese a golpes importantes, como la condena del ex primer ministro Ivo Sanader (2003-2009) a diez años de cárcel, en noviembre de 2012.

El expresidente Stipe Mesic (2000-2010), que desempeñó un papel determinante en las negociaciones de adhesión, trata de rescatar aspectos positivos de la culminación de este proceso.

"El 1º de julio será el fin de un largo viaje (...). Hemos dejado de ser el nacionalista limitado de los primeros años de nuestra independencia y hemos adoptado normas europeas", dijo Mesic a la AFP.

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AFP